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Jornada Mundial del Enfermo

El 11 de febrero se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II hace 30 años con la finalidad de “sensibilizar al Pueblo de Dios y, por consiguiente, a las varias instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos; y ayudar al enfermo a valorar, en el plano humano y sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento” (Carta, 13.V.1992). En su mensaje para la jornada de este año, el Papa Francisco nos presenta a Jesús como “el testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos” y nos recuerda que, cuando envió a los apóstoles en misión, les encomendó “proclamar el reino de Dios y curar a los enfermos” (Lc 9,2). Nos explica también el Papa que “cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente”. De ahí la necesidad de testigos que hagan presente a los enfermos el amor de Dios, porque la enfermedad nos hace experimentar nuestra fragilidad y la precariedad de la vida en este mundo, y es cuando más necesitamos la certeza de la felicidad inmortal para la cual Dios nos ha creado, certeza que sólo puede encontrar sólido fundamento en el amor de Dios.

Desde esa perspectiva, el Papa recuerda a los agentes sanitarios (médicos, enfermeras, personal administrativo o auxiliar, etc.) que “su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión”. Y nos dice a todos que nada debe hacernos olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y fragilidades, porque “el enfermo es siempre más importante que su enfermedad” e “incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología”. Es fundamental, por tanto, saber escuchar y relacionarse con los enfermos, hacerles presente su dignidad y jamás permitir que crean que son una carga para los demás.

Finalmente, Francisco nos exhorta a estar especialmente atentos porque “la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida”. En ese sentido, los cristianos en general, y las estructuras sanitarias católicas en particular, estamos llamados a “ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural”. Damos gracias a Dios por la claridad de las enseñanzas del Papa en esta época en que, desde diversos organismos internacionales y a través de poderosas ONGs financiadas por gobiernos o empresarios multimillonarios, recurriendo a una sorprendente manipulación del lenguaje y de los sentimientos se pretende globalizar e imponer, también en el Perú, el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido como políticas de Estado. No nos dejemos confundir: matar a un ser humano o colaborar para que se mate jamás podrá ser un verdadero derecho humano fundamental.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa