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La oportunidad del Bicentenario

El bicentenario de nuestra independencia nacional nos encuentra en una crisis pluridimensional, tal vez la más grave de nuestra vida republicana. La crisis sanitaria llevada al extremo por la pandemia del COVID-19 y la crisis económica ocasionada por esta, se añaden a aquella política y social que venimos atravesando desde hace varios años y que no parece tener cuándo acabar. El candidato Pedro Castillo ha llegado a la presidencia de la República por poco más de 40,000 votos de diferencia con la candidata Keiko Fujimori. El Perú ya estaba dividido y, lamentablemente, el nombramiento del nuevo gabinete ministerial no ha suscitado esperanzas de unidad nacional.

Como dice el Papa Francisco, toda crisis nos pone ante dos caminos: el del repliegue sobre uno mismo en la búsqueda de sus propios intereses y el de la apertura a los demás con los riesgos que ello conlleva pero también con los frutos que puede dar (Discurso, 28.VI.2021). El gran desafío del Perú actual es abrirse a “los otros”, en la búsqueda de un proyecto común de país que, pese a tener 200 años de vida republicana, sigue en proceso de construcción. Y ante este desafío, que al mismo tiempo es una gran oportunidad que nos presenta el bicentenario, la sociedad civil puede tener un protagonismo histórico en la medida en que, no dejándose llevar por la polarización en la que nos quieren mantener ciertos grupos de poder, se opte por derribar muros por medio de la caridad política y construir puentes de amistad social. Es preciso hacerlo y exigir a las autoridades que también ellas lo hagan en lugar de seguir distanciándose en enfrentamientos estériles basados en ideologías o intereses personales que terminan haciendo daño al pueblo.

Para ello resulta fundamental que la ciudadanía asuma una mayor responsabilidad política, que comprende no únicamente aquella partidaria sino también otras formas de participación activa en la vida de la polis, cooperando, cada uno desde la situación en que se encuentre, en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Es preciso velar no sólo por el bienestar personal o familiar sino también por el bien común de la nación. Como hace unos años escribió el Papa Francisco: “La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse en una forma eminente de la caridad”, y continuó citando a Benedicto XVI: “todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2019).

En síntesis, como tantas veces dice el Papa Francisco, de una crisis nunca se sale igual, se sale mejor o peor. Los peruanos estamos llamados a salir mejor de la crisis en la que nos encontramos y lo haremos en la medida en que trabajemos unidos, porque como también dice Francisco: “o salimos juntos o no salimos”. El camino es el diálogo a todo nivel, la integración de esos amplios sectores de la población nacional que hasta ahora han sido marginados, el aprecio por la diversidad que complementa, la búsqueda conjunta del desarrollo humano integral de todos y cada uno de los peruanos.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa