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A los abuelos y personas mayores

En su mensaje para la primera Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, que celebramos este domingo, el Papa Francisco nos recuerda que, así como Dios es eterno y “nunca se jubila”, “no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio”. En otras palabras, nos dice que los adultos mayores no están llamados a ser simples usuarios de la Iglesia o meros destinatarios de una “pastoral de la tercera edad”, sino que, como todos los cristianos, están llamados a participar en la misión que Cristo ha encomendado a la Iglesia, cada uno desde su propio estado de vida y en la situación en que se encuentre. En ese sentido, afirma Francisco: “No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda…es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo”.

Ese “algo nuevo” a que el Papa nos invita es “construir el mundo de mañana”, custodiando las raíces y tradiciones familiares, transmitiendo la fe a las nuevas generaciones y rezando por la propia familia, la Iglesia y toda la humanidad. Así, Francisco continúa la tradición de la Iglesia con relación a las personas mayores. Son conocidas las palabras con las que san Pablo exhorta a Timoteo a mantener viva la fe que recibió de su abuela Loide y su madre Eunice (2Tim 1,5) y aquellas otras que escribió a Tito: “que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos…maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tt 2,2-5). Más recientemente, san Juan Pablo II escribió que “también la ancianidad tiene una misión que cumplir” porque “gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas valiosas” (Carta a los ancianos, 1.X.1999). Y pocos años atrás el Papa Benedicto XVI dijo: “La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándole tal vez de manera más incisiva que la solicitud de muchos” (Discurso, 2.XI.2012).

En síntesis, los abuelos y las personas mayores son sumamente valiosos y están llamados a seguir aportando a la Iglesia y a la sociedad. Ellos son los cimientos sin los cuales no es posible construir un futuro sólido. Hay todo un patrimonio familiar que transmitir a las nuevas generaciones, del cual forman parte la memoria, la fe y las tradiciones de la propia familia. Queridos abuelitos y abuelitas, soy también una persona mayor y desde mi propia experiencia puedo decirles que no hay razón para encerrarnos en nosotros mismos aun cuando nos toque experimentar las limitaciones propias de la edad. Por el contrario, el Señor nos invita a dejarnos renovar cada día por Él a través de la oración y los sacramentos, y a transmitir la fe y los valores a las nuevas generaciones, que lo necesitan cada vez más. Dios está con nosotros y la fuerza del Espíritu Santo no falla ni siquiera cuando las fuerzas físicas empiezan a declinar. Apoyémonos en Él y sigamos adelante con la misión que nos corresponde como buenos católicos y buenos ciudadanos.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa