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Ser padre: don y misión

Con motivo de la celebración del Día del Padre, comparto con ustedes algunos pensamientos de la carta apostólica Patris corde, del Papa Francisco, que iré citando entre comillas y comentando desde mi propia experiencia. “Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente”, nos dice el Papa. Muchísimas veces he escuchado a padres de familia lamentarse de que nadie les haya enseñado a ser papás. En efecto, no hay una carrera universitaria o técnica que enseñe a los hombres a ser verdaderos padres, como las hay por ejemplo para ser médico, ingeniero, operador de maquinaria pesada o electricista. No, a ser padre se va aprendiendo a lo largo de la vida. Para ello se requiere comenzar por saber qué es ser padre, en qué consiste la paternidad, pero también en saber qué es ser hijo, es decir experimentar la filiación, porque paternidad y filiación son correlativas.

El paradigma de la paternidad lo encontramos en Dios Padre, porque la paternidad humana es, precisamente, una participación en la paternidad divina (Ef 3,15). No en vano Adán se unió a Eva y tuvieron hijos sólo después de haber experimentado la paternidad de Dios y su propia filiación, como queda de manifiesto en los relatos bíblicos de la creación (Gn 1-3). Todo padre de familia está llamado a ser como “la sombra del Padre Celestial en la tierra”, es decir a hacer presente a Dios Padre en el hogar, como “un signo que nos evoca una paternidad superior” nos dice también el Papa. En ese sentido, ser papá es un don de Dios y, al mismo tiempo, una misión. La misión de “introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir”, como Dios Padre ama al hombre “dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya”, porque “la lógica del amor es siempre una lógica de libertad” y “cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad”.

El paradigma de la filiación, por su parte, lo encontramos en Jesús, el Hijo de Dios, que nos revela la relación que estamos llamados a tener con Dios Padre. La mejor manera de aprender a ser padre, entonces, es a través de la experiencia de ser hijo de Dios. En la intimidad con Dios y el trato asiduo con Él podemos conocer el modo en que Dios ejerce su paternidad sobre nosotros: dándonos el don de la vida, proveyendo a nuestras necesidades, alentándonos en los momentos de dificultad, consolándonos en el sufrimiento, enseñándonos el camino del bien y corrigiéndonos cuando nos desviamos de ese camino y nos comenzamos a hacer daño a nosotros mismos y a los demás. Pero, sobre todo, Dios ejerce su paternidad sobre nosotros introduciéndonos en su comunión con el Hijo y el Espíritu Santo, es decir en la comunión de la familia divina trinitaria. Participando en esa comunión de amor se descubre lo que es ser hijo y, como consecuencia de ello, lo que es ser padre. Así, viviendo la comunión con la Trinidad, el padre de familia sabrá introducir esa misma comunión en el seno de su hogar, y los hijos, a su vez, aprenderán a ser padres.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa