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Mamás en primera línea

La pandemia del covid-19 nos ha hecho presente que “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes – corrientemente olvidadas – que no aparecen en portadas de diarios y revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia” (Francisco, Meditación, 27.III.2020). Con esas palabras, el Papa se refería a los médicos, enfermeras y muchas otras personas que, como se dice, están “en primera línea” en la lucha contra el coronavirus. Nuestro reconocimiento hacia ellos se ha puesto de manifiesto en que todos hemos estado de acuerdo en que sean los primeros en recibir la vacuna. Sin dejar de lado el agradecimiento que ellos nos merecen, hoy quisiera invitarlos a aplicar también las palabras del Papa a esas otras personas que han estado y seguirán estando “en primera línea” siempre, no sólo en tiempos de pandemia como el actual, sino en todo tiempo y lugar. Me refiero, naturalmente, a las mamás; esas mujeres que usualmente no son famosas ni se hacen notar, pero en cuyo seno se comienza a tejer toda vida humana y, con su entrega y amor maternal, hacen posible que la historia de la humanidad vaya adelante.

La maternidad es un don de Dios, tanto para la madre como para los hijos y toda la sociedad. A través de la maternidad, la mujer participa con Dios en la creación de nuevas personas. Podemos decir que, en cierto modo y por supuesto que junto con el padre, la madre es co-creadora porque genera vida y da vida. No sólo la vida física sino la vida en la integridad del ser humano que es cuerpo material y alma espiritual. Es el don que Dios da a las madres: ser co-creadoras con Él. Pero la maternidad es también un don de Dios para los hijos, porque todos hemos llegado a este mundo y vivimos gracias a una mujer – madre. Son nuestras madres quienes con su ternura y desvelos nos regalaron, y por lo general nos siguen regalando, la primera e inmediata experiencia del amor gratuito e incondicional. Gracias a ellas, aunque en algunas ocasiones no se trate de la madre biológica, entramos en la historia con la experiencia de ser amados; de modo que el amor constituye la experiencia fundante de nuestra vida, a partir de la cual podemos afrontar todos los acontecimientos que nos toca vivir a lo largo de los años. De esa manera, la maternidad también es un don Dios para toda la humanidad porque, como dijo alguna vez el Papa Francisco, una sociedad sin madres sería inhumana.

Por eso, en este Día de la Madre quisiera agradecer a todas las mamás y felicitar de modo especial a aquellas mujeres que no se dejan acomplejar por ciertas corrientes que pretenden masculinizarlas y les quieren hacer creer que la maternidad es una limitación para su desarrollo personal. A ustedes, queridas mamás, quisiera dirigirles las palabras de san Juan Pablo II: “acojan a sus hijos con amor responsable; defiéndanlos como un don de Dios, desde el instante en que son concebidos, en que la vida humana nace en el seno de la madre” (Discurso, 4.X.1997).

¡Gracias, queridas mamás, y feliz día para todas!

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa