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No sólo pan

Continuando con nuestro caminar hacia la Pascua, con el Papa Francisco quisiera invitarlos a que esta semana nos dejemos “alcanzar por la Palabra de Dios” con particular intensidad, para así “acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo…que lleva a la plenitud de la Vida” (Mensaje para la Cuaresma 2021). “Esta Verdad – nos dice el Papa – no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello”. Acoger la Palabra de Dios hace posible que el mismo Cristo habite en nosotros “como una nueva encarnación del Verbo” y que recibamos el don de la fe que nos conduce a la vida eterna. De hecho, “la Palabra de Dios, impregnada del Espíritu Santo, cuando es acogida con un corazón abierto, no deja las cosas como antes, nunca, sino que cambia algo. Esta es la gracia y la fuerza de la Palabra de Dios” (Francisco, Audiencia general, 27.I.2021). Lo dicen también los santos Pedro y Pablo: la Palabra de Dios regenera, hace una nueva creación en quien la acoge (1Pe 1,23; 2Cor 5,17).

Ahora bien, para acoger la Palabra de Dios es necesario vaciarnos de tantas otras palabras que recibimos constantemente, especialmente de aquellas que van contra la verdad de Dios y del hombre que nos ha sido revelada en Cristo. Y para ello es muy útil el ayuno, porque nos ayuda a comprender nuestra realidad de criaturas y a conocer el don que Dios nos hace de sí mismo a través de Jesucristo muerto y resucitado. Como también nos dice Francisco en su mensaje para esta Cuaresma: “Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones – verdaderas o falsas – y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero lleno de gracia y de verdad: el Hijo de Dios Salvador”. Ayunar, además, nos hace experimentar la realidad de tantos hermanos nuestros que muchas veces no tienen qué comer. En este sentido, el que ayuna con sencillez de corazón “se hace pobre con los pobres”, porque el ayuno le lleva a prestar atención a su indigencia y a ponerse en movimiento para compartir con ellos sus bienes. En pocas palabras, concluye Francisco, “el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo” y nos concede experimentar “la riqueza del amor recibido y compartido”.

Desde esa perspectiva, permítanme animarlos a que, si aún no lo han hecho, a partir de esta semana se ejerciten en el ayuno cuaresmal que consiste en privarse de una de las comidas o de alguna actividad habitual, al menos los viernes de Cuaresma o algún otro día si no pueden los viernes, y en lugar de eso alimentarse de la Palabra de Dios: leer algo de la Biblia y dialogar con Dios en la oración. Así podrán comprobar lo que Jesús dijo al demonio cuando éste lo tentó a no ayunar: “no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa