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En camino hacia la Pascua

Con el Miércoles de Ceniza hemos comenzado la Cuaresma, que es un tiempo de preparación para la Pascua y a la vez el camino que nos conduce hacia ella. El Señor Jesús nos invita a vivir de modo más íntimo con Él en estos cuarenta días que concluirán con la Semana Santa, y a seguirlo más de cerca en este itinerario por el desierto que lo conducirá, y nos conducirá también a nosotros, a su misterio pascual, que es el misterio de su pasión y muerte, pero también el misterio de su resurrección, es decir de su victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. La celebración anual de la Pascua actualiza para nosotros, con la potencia propia de la misma celebración sacramental, el acontecimiento a través del cual Jesús de Nazaret, verdadero Dios y verdadero hombre, cargando con nuestros pecados se deja clavar en la cruz para, ofreciéndose en sacrificio por nosotros, a través de su sangre redentora obtener para nosotros el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios y con el prójimo y el don del Espíritu Santo que nos será enviado con particular intensidad el día de Pentecostés.

La Cuaresma, entonces, no es un tiempo cerrado en sí mismo ni un camino circular que sólo nos conduciría a la misma situación en la que nos encontramos al empezarla. De ninguna manera es ese el diseño de Dios. La Cuaresma está orientada a la Pascua y ésta a su plenitud en Pentecostés que marca el inicio de la divinización del hombre. Y para que este diseño de Dios se pueda realizar en cada uno, en el aquí y ahora de nuestra historia personal y comunitaria, es fundamental que en este tiempo recurramos con más intensidad al ayuno, la oración y la limosna. El ayuno que contribuye “a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón” (CEC 2043); la limosna que, como dice Jesús en el Evangelio, es una obra de justicia (Mt 6,1-2); y la oración que, justamente por ser un encuentro de intimidad con Dios, fortalece nuestra confianza en Él y hace posible que realice la obra de salvación en nosotros.

En esta Cuaresma Cristo revive su pasión en sus hermanos más afectados por el COVID-19; en aquellos que sufren por no tener los medios para afrontar la enfermedad mientras otros se vacunan de modo clandestino, en los que no consiguen un lugar en el hospital porque otro más poderoso se lo ha quitado, en los que tienen los bolsillos vacíos y la mesa sin un pan para comer. En ellos, como en la cruz, Jesús nos dice “tengo sed” (Jn 19, 28). Animándonos “a avanzar por los caminos del amor y la esperanza trazados por Cristo, la Iglesia nos ayuda a comprender que la vida cristiana comporta el desprendimiento de los bienes…y a dar acogida a nuestros hermanos con una solidaridad cada vez más activa” (Juan Pablo II, Mensaje para la Cuaresma de 1993). Por ello, en esta Cuaresma los animo a poner en práctica formas concretas de caridad fraterna, como por ejemplo participar con sus donaciones en dinero o alimentos en la campaña “Esperanza en la Emergencia” de nuestra Cáritas Arequipa, a través de la cual seguimos brindando víveres a miles de familias necesitadas de nuestra Arquidiócesis.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa