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Fratelli Tutti

Hace unos días el Papa Francisco ha publicado la encíclica titulada «Fratelli tutti», que traducida al castellano significa «Hermanos todos», una frase que el Papa toma de san Francisco de Asís, en quien la gracia de Dios infundió un sentimiento de hermandad tan universal que abarcaba no sólo a la humanidad sino a toda la creación, como puede leerse en su famoso Cántico de las Criaturas, en el cual habla del hermano sol, la hermana luna…incluso de la hermana muerte. Inspirado en el amor que movió a ese santo, Francisco ha querido dedicar su tercera encíclica a la fraternidad y la amistad social, con el deseo de que “podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad” (n. 8). Lo hace porque, como lo explica en el primer capítulo del documento, el mundo se ve cada vez más ensombrecido por conflictos de todo tipo, desde las guerras hasta la intolerancia ante la opinión ajena, así como por un individualismo exacerbado que lleva a descartar a los más débiles y vulnerables, un consumismo desenfrenado y la falta de un proyecto común para la humanidad.

Ante esta realidad, el Papa nos invita a construir “un nuevo vínculo social” (n. 66) y a “rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común” (n. 67). En síntesis, nos invita a “gestar un mundo abierto” (cap. 3), a partir del dinamismo de la caridad que Dios infunde en los hombres (n. 91) y que nos lleva a tener un “corazón abierto al mundo entero” (cap. 4). Con esa finalidad, Francisco nos propone recorrer juntos un camino que nos conduzca hacia esa fraternidad universal que, en el fondo, todos anhelamos porque para ella hemos sido creados.

Ese camino incluye acciones concretas. En primer lugar, nos dice el Papa, “hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común” (n. 154), para lo cual se requiere líderes “capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad” (n. 159), que tengan claro que “la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia” (n. 177). Pero, como también dice Francisco, no podemos pretender que los políticos hagan todo. Por eso, nos invita a todos a promover el “diálogo y la amistad social” (cap. 6), buscando consensos fundados en la verdad y en valores universales que la razón humana está capacitada para descubrir (n. 208), de modo que, sin pretender “homogeneizar la sociedad” (n. 228), sepamos construir una “cultura del encuentro” (nn. 215-221).

La construcción de esa hermandad mundial implica también recuperar la dimensión religiosa y trascendente del hombre, porque “entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos” (n. 275). El diálogo interreligioso, además, puede ser un buen ejemplo y aliciente para el diálogo cultural, político y social.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa