+51·54·214778   comunicaciones@arzobispadoarequipa.org.pe

Acoger para crecer

El mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que celebramos este domingo está dedicado a la situación, muchas veces dramática, de los desplazados, es decir quienes por diversas razones se han visto obligados a dejar su pueblo natal y migrar a otros lugares en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y sus familias, encontrándose al final en situaciones de mayor pobreza, marginación y hasta rechazo. “Estamos llamados a reconocer en sus rostros, el rostro de Cristo hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero…Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido”, nos dice el Papa, haciendo referencia a esa presencia de Cristo en los pobres sobre la cual él mismo ha atraído nuestra atención muchas veces, “incluso si a nuestros ojos les cuesta trabajo reconocerlo con la ropa rota, los pies sucios, el rostro deformado, el cuerpo llagado, incapaz de hablar nuestra lengua” (Homilía 15.II.2019).

Ya en su mensaje del año 2018 con motivo de esta misma jornada, Francisco nos exhortó a acoger a los migrantes, protegerlos, promoverlos e integrarlos en la sociedad. Ahora nos da unas pautas para poner en práctica esas acciones. En primer lugar, nos invita a conocer para comprender. “El conocimiento es un paso necesario hacia la comprensión del otro…si conocemos sus historias lograremos comprenderlos”. Para ello se requiere escuchar, es decir entablar un diálogo abierto con los migrantes. “Y, gracias a esta escucha, tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia”. Lamentablemente, muchas veces los miedos y prejuicios impiden ese diálogo, por lo que el Papa nos invita a no dejarnos paralizar por ellos sino a estar dispuestos a correr el riesgo de compartir nuestros mutuos temores y preocupaciones, en la seguridad de que “para crecer realmente, debemos crecer juntos, compartiendo lo que tenemos”. Si lo hacemos así, descubriremos que también los migrantes tienen sus propias riquezas y podremos involucrarlos en nuestros procesos locales de desarrollo humano integral, pasando del mero asistencialismo social a la mutua colaboración que les permita ser “protagonistas de su propio rescate” y, al mismo tiempo, cooperar en el bien común de la sociedad que los acoge.

El movimiento migratorio internacional y los desplazamientos dentro de las propias naciones, especialmente desde el campo a las zonas urbanas, han cambiado por completo la fisonomía de las ciudades. Sería anacrónico pretender revertir ese movimiento o, peor aún, encerrarse o querer encerrar a los otros en guetos conformados exclusivamente por personas del mismo origen. Más bien, como ha dicho también el Papa, debemos “motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, fraternidad y solidaridad” (Meditación, 27.III.2020). Sin dejar fuera a nadie podremos construir una mejor ciudad y crecer más como país.

+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa