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Celebración Doméstica de la Vigilia Pascual

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3 de abril de 2021

CELEBRACIÓN DOMÉSTICA
DE LA VIGILIA PASCUAL

  • La familia se reúne en un lugar adecuado de la casa.
  • En el centro o en otro lugar visible se coloca una vela.
  • Para la Liturgia de la Palabra transcribimos todas las lecturas de la Vigilia Pascual, con su salmo responsorial y su oración. Pero si, considerando la realidad familiar, se prefiere omitir algunas lecturas, recomendamos que al menos lean las tres primeras, la carta de San Pablo y el Evangelio.
  • La celebración la preside el padre, o en su ausencia la madre, de familia, quienes dirán lo que a continuación se indica con las iniciales P/M. El resto lo dicen todos juntos.


LUCERNARIO

P/M. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/. Amén

P/M. En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor, oyendo su Palabra y celebrando sus misterios, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con Él en Dios.

Enciende la vela y dice:

P/M. La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

 
PREGÓN PASCUAL

P/M.
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo
y, por la victoria de Rey tan poderoso,
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo doméstico con nuestras aclamaciones.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló la condena del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar el mar Rojo por camino seco.

Esta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y agregados a los santos.

Esta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.

¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Solo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Esta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo».

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza,
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
signo de la nueva luz.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla.
Porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa,
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche.
Y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo:
ese lucero que no conoce ocaso,
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina
por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 
LITURGIA DE LA PALABRA


P/M. Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo

Cada lectura y cada salmo responsorial conviene que los lean, por turno, uno de los miembros de la familia. Si alguno de los miembros de la familia sabe cantar algunos cantos litúrgicos, puede sustituir el salmo responsorial correspondiente por un canto adecuado, de modo que toda la familia lo pueda cantar.

 


PRIMERA LECTURA


Lectura del libro del Génesis 1,1–2,2


En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.
Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.
Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras». E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo.
Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue. Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien.
Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra». Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. Y atardeció y amaneció: día tercero.
Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra». Y así fue. Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y los puso Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció: día cuarto.
Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste». Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, los que bullen las aguas, por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien; y los bendijo Dios diciendo: «sean fecundos y multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra». Y atardeció y amaneció: día quinto.
Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie». Y así fue. Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.
Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla; manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra».
Dijo Dios: «Vean que les he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para ustedes será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento». Y así fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.
Se concluyeron, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera.

Palabra de Dios.

  

Salmo Responsorial 103,1?2a.5?6.10 y 12.13?14.24 y 35


R/. Envía tu espíritu, Señor,
y renueva la faz de la tierra.

¡Alma mía, bendice al Señor!
¡Dios mío, qué grande eres!
Vestido de esplendor y majestad,
arropado de luz como de un manto,
tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda. R/.

Sobre sus bases asentaste la tierra,
inconmovible para siempre jamás.
Del océano, cual vestido, la cubriste,
sobre los montes persistían las aguas. R/.

Haces manar las fuentes en los valles,
entre los montes se deslizan.
Sobre ellas habitan las aves de los cielos,
dejan oír su voz entre la fronda. R/.

De tus altas moradas abrevas las montañas,
del fruto de tus obras se satura la tierra;
la hierba haces brotar para el ganado,
y las plantas para el uso del hombre,
para que saque de la tierra el pan. R/.

¡Cuán numerosas tus obras, Señor!
Todas las has hecho con sabiduría,
de tus criaturas está llena la tierra.
¡Que se acaben los pecadores en la tierra,
y ya no existan más los impíos!
¡Bendice al Señor, alma mía! R/.

  

P/M. Oremos.

Oh, Dios,
que admirablemente creaste al hombre
y de modo más admirable aún lo redimiste:
concédenos resistir sabiamente
a los atractivos del pecado
para alcanzar la eterna alegría.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

  

SEGUNDA LECTURA


Lectura del Libro del Génesis 22,1-18

Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» Él respondió: «Heme aquí». Le dijo: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga».
Se levantó, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos. Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde ustedes».
Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué hay, hijo?» «Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron andando los dos juntos.
Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.
Entonces le llamó el Ángel de Dios desde los cielos diciendo: «¡Abraham, Abraham!» Él dijo: «Heme aquí». Dijo el Ángel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único». Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a aquel lugar «Dios provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte “Dios provee”».
El Ángel de Dios llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos, y dijo: «Por mí mismo juro, oráculo del Seño, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz».

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial 15,5 y 8.9-10.11


R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Señor, la parte de mi herencia y de mi copa,
tú mi suerte aseguras;
tengo siempre ante mí al Señor;
porque Él está a mi diestra, no vacilo. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas
y hasta mi carne descansa serena;
pues no abandonarás mi alma al Seol,
ni dejarás a tu amigo ver la fosa. R/.

Me enseñarás el camino de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

 


P/M. Oremos.

Oh, Dios, Padre supremo de los creyentes,
que multiplicas sobre la tierra
los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción
y, por el misterio pascual,
hiciste de tu siervo Abraham
el padre de todas las naciones,
como lo habías prometido,
concede a tu pueblo
responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 


TERCERA LECTURA


Lectura del Libro del Éxodo 14,15-15,1

Dijo el Señor a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de los carros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y sus jinetes.
Se puso en marcha el Ángel del Señor que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Llegada la vigilia matutina, miró Dios desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio. Trastornó las ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad.
Y exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque Dios pelea por ellos contra los egipcios». Dijo Dios a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros». Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas.
Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar, pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército del Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera. Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar. Y viendo Israel la mano fuerte que el Señor había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo al Señor, y creyeron en Él y en Moisés, su siervo.

Palabra de Dios.

 

 

Salmo Responsorial Ex 15,1-2.3-4.5-6.17-18


R/. Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Canto al Señor pues se cubrió de gloria
arrojando en el mar caballo y carro.
Mi fortaleza y mi canción es el Señor,
Él es mi salvación,
Él, mi Dios, yo le glorifico,
el Dios de mi padre, a quien exalto. R/.

¡Un guerrero es el Señor,
Yahveh es su nombre!
Los carros de Faraón y sus soldados
precipitó en el mar.
La flor de sus guerreros tragó el mar de Suf. R/.

Los cubrió el abismo,
hasta el fondo cayeron como piedra.
Tu diestra, Señor, relumbra por su fuerza;
tu diestra ¡oh Dios! aplasta al enemigo. R/.

Tú le llevas y le plantas
en el monte de tu herencia,
hasta el lugar que tú te has preparado
para tu sede, ¡oh Señor!
Al santuario, Adonay,
que tus manos prepararon.
¡Dios reinará por siempre jamás! R/.

  

P/M. Oremos.

Oh, Dios, que has iluminado los prodigios
de los tiempos antiguos
con la luz del nuevo testamento:
el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal,
y el pueblo, liberado de la esclavitud,
imagen de la familia cristiana;
concede a todas las gentes,
elevadas por su fe a la dignidad de pueblo elegido,
regenerarse por la participación de tu Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 

 
CUARTA LECTURA


Lectura del Libro del profeta Isaías 54,5-14

Tu esposo es tu Hacedor, Dios Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Porque como a mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó el Señor; como a esposa de juventud repudiada, dice tu Dios.
Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido, dice el Señor tu Redentor.
Será para mí como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre la tierra, así he jurado que no me irritaré más contra ti ni te amenazaré. Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá, dice Dios, que tiene compasión de ti.
Pobrecilla, azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros. Haré de rubí tus baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la dicha de tus hijos. En justicia serás consolidada. Mantente lejos de la opresión, pues ya no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 29,2 y 4.5?6.11 y 12a y 13b


R/. Yo te ensalzo, Señor, porque me has levantado.

Yo te ensalzo, Señor, porque me has levantado;
no dejaste que mis enemigos se rían de mí.
Tú has sacado, Señor, mi alma del Seol,
me has recobrado de entre los que bajan a la fosa. R/.

Salmodien al Señor los que le aman,
alaben su memoria sagrada.
Su cólera dura un instante,
su bondad toda una vida.
Por la tarde nos visita el llanto,
por la mañana el júbilo. R/.

¡Escucha, Señor, y ten piedad de mí!
¡Sé tú mi auxilio!
Has cambiado mi lamento en danza,
me has quitado el sayal
y me has ceñido de alegría;
mi corazón por eso te salmodiará sin tregua;
Señor, Dios mío, te alabaré por siempre. R/.

 

P/M. Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,
multiplica, fiel a tu palabra,
la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres
y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa;
para que tu Iglesia vea cómo se ha cumplido ya, en gran medida,
cuanto creyeron y esperaron los patriarcas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 


QUINTA LECTURA


Lectura del Libro del profeta Isaías 55,1-11

¡Oh, todos los sedientos, vayan por agua, y los que no tienen plata, vengan, compren y coman, sin plata, y sin pagar, vino y leche!
¿Por qué gastar plata en lo que no es pan, y su jornal en lo que no sacia? Háganme caso y coman cosa buena, y disfrutarán con algo sustancioso. Apliquen el oído y acudan a mí, oigan y vivirá su alma. Pues voy a firmar con ustedes una alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David.
Mira que por testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones. Mira que a un pueblo que no conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti correrá por amor del Señor tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha honrado.
Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenle mientras está cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.
Porque no son mis pensamientos sus pensamientos, ni sus caminos son mis caminos, oráculo del Señor. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los suyos y mis pensamientos a los suyos.
Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial Is 12,2-3.4bcd.5-6


R/. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

He aquí a Dios mi Salvador:
estoy seguro y sin miedo,
pues el Señor es mi fuerza y mi canción,
Él es mi salvación. R/.

Sacarán aguas con gozo
de las fuentes de salvación.
y dirán aquel día:
«Den gracias al Señor,
aclamen su nombre,
divulguen entre los pueblos sus hazañas,
pregonen que es sublime su nombre. R/.

Canten al Señor, porque ha hecho algo sublime,
que es digno de saberse en toda la tierra.
Den gritos de gozo y de júbilo,
moradores de Sión,
que grande es en medio de ti el Santo de Israel». R/.


P/M. Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,
esperanza única del mundo,
que anunciaste por la voz de tus profetas
los misterios de los tiempos presentes,
atiende complacido los deseos de tu pueblo,
porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud
sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 


SEXTA LECTURA


Lectura del Libro del profeta Baruc 3,9-15.32-4,4

Escucha, Israel, los mandamientos de vida, tiende tu oído para conocer la prudencia.
¿Por qué, Israel, por qué estás en país de enemigos, has envejecido en un país extraño, te has contaminado con cadáveres, contado entre los que bajan al Seol? ¡Es que abandonaste la fuente de la sabiduría! Si hubieras andado por el camino de Dios, habrías vivido en paz eternamente.
Aprende dónde está la prudencia, dónde la fuerza, dónde la inteligencia, para saber al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. Pero ¿quién ha encontrado su mansión, quién ha entrado en sus tesoros?
Pero el que todo lo sabe la conoce, con su inteligencia la escrutó, el que dispuso la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos, el que envía la luz, y ella va, el que la llama, y temblorosa le obedece; brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegría, los llama él y dicen: ¡Aquí estamos!, y brillan alegres para su Hacedor.
Este es nuestro Dios, ningún otro es comparable a él. Él descubrió el camino entero de la ciencia, y se lo enseñó a su siervo Jacob, y a Israel su amado. Después apareció ella en la tierra, y entre los hombres convivió.
Ella es el libro de los preceptos de Dios, la Ley que subsiste eternamente: todos los que la retienen alcanzarán la vida, pero los que la abandonan morirán. Vuelve, Jacob y abrázala, camina hacia el esplendor bajo su luz. No des tu gloria a otro, ni tus privilegios a nación extranjera. Felices somos, Israel, pues lo que agrada al Señor se nos ha revelado.

Palabra de Dios.

  

Salmo Responsorial 18,8.9.10.11 (R/.Jn 6,68)


R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta,
consolación del alma,
el dictamen del Señor es veraz,
sabiduría del sencillo. R/.

Los preceptos de Dios son rectos,
gozo para el corazón;
es claro el mandamiento del Señor,
luz para los ojos. R/.

El temor de Dios es puro
y estable por siempre;
los juicios del Señor son verdaderos,
justos todos ellos. R/.

Apetecibles más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
más que el jugo de panales. R/.

 

P/M. Oremos.

Oh, Dios, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia
con la convocatoria de todas las gentes,
defiende con tu constante protección
a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 


SÉPTIMA LECTURA


Lectura de la Profecía de Ezequiel 36,16-28


La palabra del Señor me fue dirigida en estos términos: Hijo de hombre, los de la casa de Israel que habitaban en su tierra, la contaminaron con su conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su conducta ante mí. Entonces yo derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían vertido en su tierra y por las basuras con las que la habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y fueron esparcidos por los países. Los juzgué según su conducta y sus obras. Y en las naciones donde llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera a propósito de ellos: «Son el pueblo de Yahveh, y han tenido que salir de su tierra».
Pero yo he tenido consideración a mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde había ido. Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor: No hago esto por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde fueron. Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy Dios - oráculo del Señor - cuando yo, por medio de ustedes, manifieste mi santidad a la vista de ellos.
Los tomaré de entre las naciones, los recogeré de todos los países y los llevaré a su suelo. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; de todas sus impurezas y de todas sus inmundicias los purificaré. Y les daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos y observen y practiquen mis normas. Habitarán la tierra que yo di a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)


R/. Como anhela la cierva las corrientes de agua,
así mi alma te anhela a ti, Dios mío.

Tiene mi alma sed de Dios,
del Dios vivo;
¿cuándo podré ir a ver
la faz de Dios? R/.

Yo lo recuerdo,
dentro de mi alma,
cómo marchaba a la Tienda admirable,
a la Casa de Dios,
entre los gritos de júbilo y de alabanzas,
y el gentío festivo. R/.

Envía tu luz y tu verdad,
que ellas me guíen,
y me conduzcan a tu monte santo,
donde tus Moradas. R/.

Y llegaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría.
Y exultaré, te alabaré en la cítara,
oh Dios, Dios mío. R/.

 

P/M. Oremos.

Oh, Dios, que para celebrar el misterio pascual
nos instruyes con las páginas de ambos Testamentos,
danos a conocer tu misericordia,
para que, al percibir los bienes presentes,
se afiance la esperanza de los futuros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

 

OCTAVA LECTURA


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-11

¿O es que ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?
Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.
Porque si hemos sido injertados en Él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda librado del pecado.
Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también ustedes, considérense como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial 117,1-2.16ab-17.22-23


R/. ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
¡Diga la casa de Israel:
que es eterno su amor! R/.

Excelsa la diestra del Señor,
la diestra de Dios hace proezas.
No, no he de morir, viviré,
y contaré las obras del Señor. R/.

La piedra que los constructores desecharon
en piedra angular se ha convertido;
ésta ha sido la obra del Señor,
una maravilla a nuestros ojos. R/.

 

EVANGELIO


Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?». Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: «No se asusten. Buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron. Pero vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán, como les dijo».

Palabra del Señor.


Llegados a este momento, la familia puede compartir lo que Dios les está diciendo a través de su Palabra y de esta celebración. En caso que a algún miembro de la familia le pueda resultar difícil transmitirlo, el padre o madre de familia puede hacerle amablemente alguna pregunta que le facilite hacerlo.

 

Renovación de promesas bautismales


P/M. Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminada la cuaresma, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fielmente a Dios en la Iglesia Católica.
Así pues:

P/M. ¿Renuncian a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios;
el mal, como signo del pecado en el mundo;
al error, como frustración de la verdad;
a la violencia, como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio de amor?

R/. Sí, renuncio.

P/M. ¿Renuncian a sus obras, que son:
sus envidias y odios;
sus perezas e indiferencias;
sus cobardías y complejos;
sus tristezas y desconfianzas;
sus injusticias y favoritismos;
sus materialismos y sensualidades;
sus faltas de fe, de esperanza y caridad?

R/. Sí, renuncio.

P/M. ¿Renuncian a todas sus seducciones,
como pueden ser
el creerse los mejores;
el verse superiores;
el estar muy seguros de sí mismos;
el creer que ya están convertidos del todo;
el quedarse en las cosas, medios, instituciones,
métodos, reglamentos y no ir a Dios?
R/. Sí, renuncio.

P/M. ¿Creen en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra?

R/. Sí, creo.

P/M. ¿Creen en Jesucristo,
su único Hijo nuestro Señor,
que nació de santa María Virgen,
murió, fue sepultado,
resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?

R/. Sí, creo.

P/M. ¿Creen en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna?

R/. Sí, creo.


P/M. Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo
y que nos concedió la remisión de los pecados,
nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
para la vida eterna.

R/. Amén.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

P/M. Por medio de Jesucristo, el Señor, resucitado de la muerte por el poder del Espíritu Santo, dirijamos en esta santa noche nuestras súplicas a Dios Padre.

Cada miembro de la familia puede hacer una petición a Dios, que concluirá diciendo: Roguemos al Señor y todos responderán: Te lo pedimos Señor.

Al final, quien preside la celebración dice:

P/M. Señor y Dios nuestro, tú que, por el poder del Espíritu Santo, has resucitado a Jesús del reino de los muertos, para tu gloria y para nuestra salvación, escucha la oración que te dirigimos en esta santa noche, apoyados en la intercesión del mismo Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 
COMUNIÓN ESPIRITUAL


P/M. Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente
la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el Cielo….

P/M. La paz del Señor esté siempre con ustedes.

R/. Y con tu espíritu.

P/M. Cristo ha resucitado.

R/. Verdaderamente ha resucitado.

Y los miembros de la familia intercambian un gesto de paz.


Oración de la comunión espiritual (la dicen todos juntos)

Jesús mío, creo que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento.
Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente
recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Quédate conmigo, te abrazo y me uno a ti,
no permitas que me separe jamás de ti.

Eterno Padre, yo te ofrezco la Sangre preciosísima de Jesucristo
en remisión de mis pecados, en ayuda de las almas del purgatorio
y por las necesidades de la Santa Iglesia.


Después se guarda un momento de silencio y se hace la siguiente oración:


P/M. Derrama, Señor, en nuestra familia tu Espíritu de caridad,
para que vivamos siempre unidos en el amor
y seamos fieles testigos de tu Hijo Jesucristo,
que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén

 


RITO DE CONCLUSIÓN


P/M. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.


Finalmente, el padre o madre de familia que ha presidido la celebración, hace la señal de la cruz en la frente de todos los presentes.


Cena familiar festiva.

 


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